Qué Piensa Él Que Llevo Yo Imprimir
Artículos Varios - Psicología, Reflexión y Análisis
Martes, 16 de Marzo de 2010 21:27
10No tengas miedo. En prácticamente toda competición la agresión tiene sus beneficios. Una de mis líneas favoritas proviene de Mike Caro, “la agresión rara vez se equivoca en el póker, y cuando lo hace, no lo hace por mucho.”

Pero hay más sobre esto que simplemente agresión pura.

La agresión gana sus ventajas, no más que una estrategia para llevarse botes individuales, pero como parte del meta-juego. Si te haces conocido como un jugador agresivo, generarás dos estados emocionales en tus oponentes: miedo y confusión.

Por ejemplo, de vez en cuando tendrás que disparar no solo una, no solo dos, sino tres apuestas, o jugar como si tuvieras un trío cuando no tienes nada.

Algunas veces esto funcionará, algunas veces no lo hará.

La agresión es situacional: Hay más que pocas circunstancias donde tus cartas son esencialmente irrelevantes. Esto puede parecer un poco extremo, pero usualmente no lo es.

Un jugador iguala la ciega en primera posición, y un débil y tímido jugador paga en posición media. Una subida es obligatoria aquí. Tu mano es irrelevante, solo el tamaño de la subida es importante, y esa decisión se basará en tu posición y en el sentido de la situación.

Resumiendo, concéntrate y controla tu agresión. Acciones sin pensarlas no son efectivas en una mesa de póker. Agresión pensada e impredecible es lo mejor.

Ataca a buenos jugadores: Si, es lo que dije, ataca a jugadores sólidos más a menudo que a jugadores débiles.

El consejo estándar es que vayas detrás de los malos jugadores, abuses de los miedosos, atrapes a los maniáticos, intimides a los tímidos. No hay nada de malo en estos consejos, pero la mayoría del tiempo no necesitas atacarlos.

Ellos cometerán sus errores sin que tú tengas que incentivarlos.

La mayoría de las situaciones que resulten rentables vendrán de ataques a jugadores fuertes, particularmente si no te conocen y no tienen una lectura acerca de ti.

Un buen jugador probablemente tire más manos decentes que uno débil. Tienes una mejor chance de mentirle a un gran jugador que a uno amateur.

Los malos jugadores querrán ver con que subes porque no quieren que les mientas. Los jugadores sólidos están más interesados en proteger sus fichas.

Apunta a jugar en el Nivel 3: Nivel 1: mi mano. Nivel 2: mi lectura de las manos de mis oponentes. Nivel 3: mi lectura cerca de que piensan mis oponentes que estoy haciendo.

Los jugadores sólidos saben que deben hacer esto. Cuando la presión está en la tendencia a recaer en el Nivel 2 pensamos cosas como “¿en qué rango de manos lo puedo poner?”

Generalmente (más de lo que te puedes imaginar) la pregunta que debemos preguntar es, “¿qué piensa él que yo tengo?. Esto es lo que lleva a tomar sus acciones.

Las ciegas impactan sobre las decisiones:

Aquí hay algunos ejemplos donde las ciegas tienen un impacto sobre el EV del juego “estándar”:

Ciegas Bajas. Aquí, la mayoría de los jugadores apuestan con sus cartas. Son vulnerables a robos cuando no conectan su juego, y se puede lograr retirarlos cuando conectan uno pequeño.

La textura de la mesa es importante aquí.

Ciegas Medias. Aquí, la posición manda. Los movimientos estándar son menos efectivos porque pueden ser contrarrestados. Sé impredecible. Mantén a tus oponentes en la duda.

Cuanto más lo hagan, más errores cometerán.

Ciegas Altas. Aquí, necesitarás movimientos que rara vez ocurren en ciegas modestas.

Los jugadores entran a los botes con una amplia variedad de cartas. Se esfuerzan en ser difíciles de leer y tratan de mantener a los oponentes fuera de guardia.

Las estrategias que son efectivas en este nivel no serán rentables en juegos de ciegas menores.

Entonces, ¿Dónde está la psicología en esto? En realidad, está en todos lados.

Los consejos aquí se basan en principios psicológicos que involucran intimidación, agresión, ego, seguridad en uno mismo, ansiedad, miedo, confusión, y tomar decisiones.

Cuanta más psicología conozcas, te podrás convertir en un mejor jugador de poker.